Fuente: Málaga hoy

En la Málaga del desarrollo, de los centros comerciales y el turismo que se promociona en Fitur, del AVE y del Metro, existen rincones olvidados que viven de espaldas a la ciudad y que la mayoría de sus ciudadanos no sabe ni que existen.

Con realidades complejas e insólitas, muchas barriadas malagueñas luchan a diario por salir de la marginalidad y el olvido. Uno de estos parajes es Las Castañetas, un núcleo emplazado en el extrarradio de Campanillas y que cada día se revuelve en un callejón sin salida, completamente aislado del resto de la ciudad.

Las Castañetas se enclava en un paraje idílico junto al Valle del Guadalhorce: frondosa vegetación, huertos cargados de verduras y hortalizas, naranjos y limoneros... Una pedanía rural en origen formada por personas, la mayoría jubilados, que adquirían un pequeño terreno donde levantaban una pequeña casa y plantaban su huerto.

Los vecinos de Las Castañetas dormían con las puertas abiertas y la relación entre ellos era afable y relajada. Pero en 1995, la Junta de Andalucía plantó unos bloques con 186 viviendas sociales para personas sin hogar, en las que hoy viven una media de diez personas por casa.

Para los antiguos residentes, el desembarco de los nuevos vecinos, procedentes de una realidad urbana completamente diferente, supuso un jarro de agua fría. Y empezaron los problemas. En mitad de la nada, prácticamente incomunicados y sin servicios, los nuevos vecinos no encontraron su hueco en la zona, ubicada junto a una estación de tren de la que les separa una enorme alambrada y a unos minutos de la autovía. Cerca de todos lados, pero incomunicada, Las Castañetas no se ven desde ningún sitio.

Desde entonces, el núcleo se ha deteriorado a un ritmo vertiginoso: los que han podido se han marchado incorporándose vecinos cada vez con un perfil más conflictivo y desestructurado. Según asume el propio concejal del distrito, José Hazañas, uno de cada diez vecinos recurre a la delincuencia para sobrevivir, sobre todo, al tráfico de drogas. "A veces si el padre de familia entra en la cárcel, la madre se encuentra con que tiene que darle de comer a sus hijos y si es lo único que puede hacer pues recurre a ello", explica Hazañas.

José y Manoli, de la asociación de vecinos y de mujeres, respectivamente, confirman que más de una treintena de vecinos está actualmente en la cárcel y que hay chavales que ni siquiera están escolarizados. Hazañas lo desmiente, aunque asume que hay problemas de absentismo con un grupo de 15 niños.

Los propios vecinos confirman que hoy por hoy, el 80 por ciento de las viviendas sociales está ocupada de forma ilegal y que ya se ha llegado, incluso, a comercializar con ellas. Las viviendas sociales de la Junta de Andalucía que se quedan libres son revendidas por los propios vecinos por "uno o dos millones de pesetas pero sin papeles ni nada", explican desesperados los vecinos, que lamentan que esas reventas y las ocupaciones propician el abandono total de la zona. "Nadie paga la luz ni el agua ni se ocupa de mantener las viviendas, ya que a los propios técnicos de Sevillana les da susto entrar en algunos edificios", dicen.

Una de las vecinas de las viviendas sociales aún recuerda cuando, pese a tener la casa legalmente adjudicada, la detuvo la Policía dentro de su casa. "Me llevaron a la comisaría y dormí en los calabozos hasta que a la mañana siguiente se arregló el entuerto; ésa fue lo último que hicieron, ya no volvieron a controlar nada más", cuenta entre risas. Manoli, otra vecina, relata cómo la última pareja adjudicataria de una vivienda se encontró con otra familia viviendo en la casa que le habían asignado. "Y les dijeron que los echaran, cualquiera se atreve".

Actualmente, en un solar abandonado frente a las viviendas se instalan tiendas de campaña y caravanas de familias que esperan a que alguna casa se quede vacía para ocuparla. "La situación ha llegado hasta tal punto que ya ni siquiera nos cobran a los que queremos seguir pagando el alquiler y vivir en orden", explica José, que atribuye la situación a "la falta de inspectores de la Junta de Andalucía".

La carencia de servicios públicos y de salidas laborales, el aislamiento y el abandono de las instituciones están dando forma a un cóctel explosivo. "Ponen farolas que cierran el paso por la acera y que ni siquiera se encienden", se queja José, mientras que Rafael, un joven que antes vivía en Los Asperones con sus padres, lamenta que las tuberías y las alcantarillas estén rotas "con el peligro de enfermedades que eso supone para los niños: esto está lleno de cucarachas y de ratas", dice.

Para el párroco de Campanillas, José Plana: "esto no le interesa a nadie, ni al Ayuntamiento ni a la Junta de Andalucía y por eso lo construyeron así, escondido, para que nadie lo viera". Plana evidencia la falta de algunos servicios, como la existencia de una guardería. "Cómo van a trabajar las madres si no tienen dónde dejar a sus hijos", analiza. Los jóvenes tienen una pista deportiva donde juegan al fútbol como única oferta de ocio y, según se quejan los vecinos, se vuelcan en las carreras de coches aunque no tengan carné de conducir y las peleas de gallos, como alternativas.

No obstante, desde hace unos años la organización Cáritas desarrolla, con la subvención de la delegación provincial de Igualdad y Bienestar Social, dos interesantes programas con la población que están arrojando excelentes resultados.

De un lado, trabajan en la calle con niños y adolescentes en el impulso de las prácticas deportivas y en la promoción de la lectura, después de haber conseguido que muchos se enganchen al bibliobús. De otro lado, han propiciado la creación de una mesa de trabajo por el barrio con los colectivos que se reúne dos veces al año: la dirección y asociación de padres y madres del colegio de infantil y primaria Cupiana, la asociación de vecinos, Cáritas y los servicios sociales comunitarios.

En esa mesa de trabajo compuesta por los vecinos se solicitó a las administraciones, en una reunión con la concejala de Bienestar Social, Mariví Romero, y la delegada de Bienestar Social de la Junta, Amparo Bilbao, un plan integral para la zona. La idea fue bien acogida, aunque está pendiente de financiación. De hecho, según apunta Ernesto, de Cáritas, el local social construido por el Ayuntamiento hace unos meses aún no se ha inaugurado y está vacío de contenido "sin programas ni personal para atenderlo", dice el coordinador del programa.

Hazañas asegura que el local se inaugurará el mes que viene, aunque el Ayuntamiento aún está pendiente de firmar un convenio con la Junta para llenarlo de contenido e iniciar un plan de choque. "Pero estoy convencido de que el plan estará en marcha antes de junio y en el local habrá actividades para niños y mayores", dice el edil que sentencia: "Debemos intervenir antes de que se nos vaya de las manos".

El representante sostiene que la barriada tiene muchos ingredientes para convertirse en un barrio más: "sólo hay cuatro o cinco garbanzos podridos, el resto es gente trabajadora y con ganas de hacer cosas".

Y es cierto porque la actividad vecinal es sólida. Trabajan los miembros de las asociaciones de vecinos y mujeres y cuentan con una parroquia y un colegio comprometidos. De momento, están consiguiendo ciertos polos de unión entre los vecinos antiguos y los nuevos. El pasado Día de la Mujer organizaron actividades en las que participaron mujeres de ambos bandos. Es el momento de que esta isla marginal en pleno corazón del Valle del Guadalhorce se recupere o se enquiste irremediablemente.

0
0
0
s2sdefault
powered by social2s

INFORME FOESSA 2019

Calendario

Diciembre 2019
L M X J V S D
25 26 27 28 29 30 1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31 1 2 3 4 5