MANIFIESTO

Como comunidades de la Iglesia y como creyentes que nos conmovemos a diario ante el drama de las migraciones, nos sentimos interpelados por la llamada del Papa Francisco a “compartir el viaje” en el marco de la campaña global liderada por Cáritas en todo el mundo.

Durante esta Semana de Acción Mundial de la Campaña, queremos ser testigos activos como comunidades acogedoras y fraternas de ese «espíritu de encuentro» al que se nos invita, para reunirnos junto a todos los hermanos que viven entre nosotros en torno a una mesa para dar gracias a Dios y compartir el pan.

Como recuerda Francisco, «cuando somos generosos al acoger una persona y compartimos algo con ella –un poco de pan, un puesto en la casa, nuestro tiempo– no sólo no permanecemos pobres, sino que nos enriquecemos».

Al compartir estos alimentos, una de las necesidades humanas básicas que se niega a millones de seres humanos en todo el mundo y que marca la diferencia entre la vida o la muerte para muchos migrantes, nos situamos sin titubeos al lado de esas personas que son testigos de sufrimiento y dolor, como comprobamos cada día en escenarios como el Mediterráneo, Tarifa, el Tarajal, las vallas o Siria.

Este goteo intolerable de situaciones inhumanas pone en evidencia el fracaso reiterado de unas políticas migratorias miopes centradas en el control de flujos y la externalización de fronteras. Junto a Cáritas y otras entidades de Iglesia, reclamamos un modelo distinto, basado en el respeto de los derechos humanos de las personas en situación de movilidad y la apuesta por políticas de paz y el establecimiento de vías legales y seguras de acceso a nuestros países.

Defendemos la acogida de los migrantes en nuestro país en el marco de un modelo humanitario basado en la protección, la promoción y la integración. Y llamamos a toda la ciudadanía a actuar con generosidad y amplitud de miras a los numerosos desafíos planteados por las migraciones contemporáneas, que quedan patentes en situaciones como la vivida estos días en el buque “Aquarius”.

Urgimos a todos los Gobiernos de la Unión Europea a que asuman desde una óptica humanista los retos y las oportunidades que las migraciones plantean.

Estamos ante un desafío global que trasciende las fronteras de Europa y que no puede ser objeto de transacción política ni de contiendas electorales teñidas de insolidaridad o intereses a corto plazo. La situación de vulnerabilidad de los migrantes afecta a la dignidad y a los derechos de todos nosotros, por lo que es necesario activar una mirada amplia, que incida de raíz en las causas de las migraciones forzadas.

Queremos transformar el reto de las migraciones en oportunidad. Para ello, declaramos nuestra determinación de conjugar y vivir estos cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar.

Acoger para impulsar una gestión ética de las fronteras y erradicar prácticas inhumanas, como las expulsiones sumarias.

Proteger a los migrantes más vulnerables, como son los menores y mujeres víctimas de trata de personas y violencia, y los trabajadores sometidos a situaciones de explotación laboral.

Promover una política de cooperación basada en el impulso de un desarrollo sostenible para todos los pueblos, y en la articulación de vías legales y seguras para que tanto migrantes como refugiados vean preservada su seguridad.

E integrar a los migrantes garantizando el pleno acceso a sus derechos humanos, sea cual sea su situación administrativa, y estimulando una convivencia intercultural basada en valores comunes pero abierta a la riqueza de la diversidad.

Nosotros “compartimos el viaje” y hacemos visible, hoy y aquí, la cultura del encuentro entre los inmigrantes y nuestras comunidades, porque estamos convencidos de que las migraciones son una oportunidad para el desarrollo de los pueblos.
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