Desde hace cinco años, el centro de acogida para niños “Charles Lwanga” en Bakaya (Chad) es uno de los proyectos de cooperación internacional con mayor apoyo económico por parte de Cáritas Diocesana. Esta iniciativa, puesta en marcha en 2010, ha conseguido mejorar las condiciones de vida de más de 50 jóvenes.

“Buscando a los más pobres de entre los pobres”, así comienza, según Pilar Delgado, voluntaria del equipo de cooperación internacional de Cáritas Diocesana de Málaga, el proyecto de creación del Centro Charles Lwanga de Bayaka (Chad) para la acogida de niños en extrema vulnerabilidad que nace desde la BELACD Cáritas Laï. Junto a su marido, Sergio González-Román, miembro del mismo equipo, fueron los encargados del centro durante sus primeros cuatro años de vida, es decir, desde 2010 a 2014. En un país en el que la pobreza es el denominador común, ambos aseguran que no resultó fácil encontrar a quienes estaban peor. Este es el caso de los niños huérfanos que viven solos en la calle porque ningún familiar ha podido hacerse cargo de ellos.

La asociación MIES (Misioneros de la Esperanza) es quien envía a Pilar y Sergio. Al llegar allí, el obispo les encomienda algo que para él era esencial “Hacer un hogar de aquella casa y convertirse en un referente familiar para esos niños”. Una vez elegidos los primeros 50 acogidos que van a formar parte de esta gran familia, el siguiente objetivo es alfabetizarlos y capacitarlos, enseñándoles a realizar labores que posibiliten su futura inserción social como los talleres de costura, carpintería, agricultura o ganadería.

De la gestión y coordinación del personal del centro siempre se han encargado los distintos misioneros enviados por MIES desde España, mientras el 90% de los trabajadores del centro (profesores, monitores, cocineros, pastores, etc.) es personal chadiano con un enorme sentimiento de pertenencia al proyecto, pues pasan muchas horas acompañando y atendiendo a estos niños a los que sienten como propios. Algunos de los pequeños han sido víctimas de la violencia doméstica, se les ha intentado vender como esclavos o han sido expulsados de sus casas.

Especialmente delicada es la situación de las niñas, pues la cultura las sitúa en el peor escalafón, viéndose obligadas a dedicarse exclusivamente al cuidado de los hermanos y de las labores del hogar. Por esta razón, su entrada al centro es prioritaria y pueden encontrarse en la casa a niñas con 8 o 9 años, mientras la edad de acceso de los varones es de unos 12 años. Pilar cuenta que “la vulnerabilidad de las niñas es tal que incluso permitimos que entrara al centro alguna menor de tan solo 6 años, para así protegerla y evitar que tuviera que soportar el peso del duro trabajo doméstico”.

Apoyo económico de Cáritas

A su regreso a España, Pilar y Sergio entraron en contacto con Cáritas Diocesana de Málaga, que quiere valorar las posibilidades de apoyo al proyecto Bayaka realizando una evaluación previa. De los 180.000€ que suponen el coste total del proyecto para el periodo 2014-2017, Cáritas Diocesana decide aportar junto con Cáritas Española 60.000€ anuales, 30.000 cada una. Tras esta primera etapa, vuelve a valorarse la renovación del proyecto hasta 2019, aportando en este caso 50.000€ bianuales, entre la Cáritas Diocesana y la Española.

Francisco Javier Castillero, técnico de cooperación internacional de Cáritas Diocesana de Málaga, afirma que “el equipo está decidido a trabajar por la máxima sostenibilidad posible de este proyecto con la ayuda técnica y económica de Cáritas Española, que nos seguirá apoyando mientras la vinculación con Chad se mantenga”.
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