En las dos últimas décadas, decenas de personas sin hogar que se encontraban en las calles de nuestra ciudad, han hallado en el Hogar Pozo Dulce un lugar donde poder vivir con dignidad, volver a sentirse querido, escuchado, respetado. Hasta llegar allí, en buena parte de los casos, ha sido necesario recorrer junto a ellos un largo camino de semanas e incluso meses, tiempo este en el que el equipo que compone la Unidad de Calle del centro gestionado por Cáritas Diocesana, se encarga de visitarles, acompañarles y orientarles.

José Luis García (78) es uno de los ocho voluntarios del Hogar Pozo Dulce que actualmente integran este equipo. Desde hace más de cinco años, además de compartir su tiempo con los residentes tres días a la semana, cada martes sale a la búsqueda de personas en situación de calle junto a la trabajadora social Rocío Aranda con quien va trazando diferentes rutas por las calles de la ciudad. Durante el recorrido se acercan a ellos, les saludan y se interesan por su situación personal. «Los primeros encuentros solemos dedicarlos simplemente a saludar, a charlar un rato y que nos cuenten cómo se encuentran. De esta manera, vamos estableciendo vínculos de confianza que posibilitan que las personas se abran y empiecen a expresar cómo se sienten, cuál es su situación y en qué podemos ayudarle. Algunas veces la ayuda consiste simplemente en escucharles, darles a conocer los recursos que existen en la ciudad y orientarles», explica José Luis, quien al jubilarse sintió la necesidad de implicarse y dedicar su tiempo a los demás. «En mi caso es la fe quien me mueve a estar aquí, junto a los más pobres. Muchos días me voy a casa intranquilo porque es imposible que no te afecten sus historias personales, pero otros, en cambio, me voy lleno de paz y muy satisfecho porque a veces se consigue que bajen sus barreras, empiecen a confiar en nosotros y en toda la ayuda que le podemos prestar», añade.

Para Rocío es importante que entendamos que «son personas como cualquiera de nosotros a las que la vida les ha llevado a esta difícil situación». Los procesos de inserción son lentos y suelen haber altibajos. Por esta razón, según la técnico, «para poder ayudarles a salir adelante se necesitan muchas más personas dispuestas a dedicar su tiempo y a tender su mano a los más excluidos y vulnerables de esta sociedad».
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