Con motivo del Día Internacional del Trabajo, en este año en el que la campaña institucional de Cáritas nos interpela con el lema “Tiende tu mano y enrédate” queremos aprovechar esta ocasión para transmitir un mensaje de fraternidad a toda la sociedad para que seamos capaces de crear, entre todos, esas redes invisibles que nos permiten sostenernos los unos a los otros. La historia de Mª José Rodríguez (48) y de Jeimi Carol Machuca (42), alumnas del centro formativo de Cáritas “Sagrada Familia”, se sitúa como un claro ejemplo de cómo puede crearse ese tejido comunitario que nos permite avanzar todos juntos hacia una sociedad más justa y solidaria.

En septiembre de 2018 Mª José llega a “Sagrada Familia” tras una etapa personal dura marcada por el desánimo y el desaliento. «En una asociación donde era voluntaria conocí la existencia de estos cursos y me animaron a inscribirme. Tuve suerte y solo un mes más tarde ya estaba realizando el certificado de profesionalidad Atención sociosanitaria a personas en el domicilio que tanto me interesaba», cuenta Mª José. Su incorporación al centro consiguió, en cuestión de unos días, romper todos sus esquemas y su vida comenzó a dar un giro de 180 grados del que pudieron ser testigos su marido y sus hijos. «Desde el primer momento me sentí muy bien, muy acogida, muy acompañada. Viví una experiencia muy bonita con las compañeras y con todo el equipo de profesores que se volcaban no solo en ofrecer la formación sino también en guiarnos y acompañarnos. Recuerdo que, pasadas las primeras semanas, me di cuenta de que ya no estaba allí solo para conseguir un empleo, sino que el crecimiento interior que estaba experimentando merecía todo el esfuerzo que estaba realizando», afirma.

Al tratarse de un curso modular, a lo largo de todo el año, se producen entradas y salidas de alumnos, de modo que cuando ella comienza el segundo módulo, se incorpora al curso Jeimi , quien en muy poco tiempo se convierte en su inseparable compañera y amiga. «Estaba en clase, sentada a mi lado cuando hice un comentario muy pesimista al que Mª José respondió con unas palabras que me dieron en ese momento el ánimo y la fuerza que yo necesitaba». Jeimi, natural de El Salvador, llevaba entonces dos años en Málaga junto a sus dos hijos de 17 y 21 años. Vivía en un piso de acogida gracias a la ayuda de los servicios sociales. «Los días en el piso de acogida, al no estar acostumbrada a ser dependiente y a la soledad que se siente cuando llegas a un país donde no conoces a nadie, fueron muy difíciles. Mi vida no era más que ir a trabajar y volver a casa con mis hijos. No tenía ninguna amiga con quien hablar y poder compartir lo que estaba viviendo, así que me encontraba muy deprimida. Por eso al conocer a Mª José, a otras compañeras y a todo el equipo de profesores del centro, comencé a sentir que mi vida por fin resurgía. Ella abrió las puertas de su casa para mí y para mis hijos, me presentó a sus hijos, a su marido y nos hizo sentir parte de su familia» cuenta emocionada.

Estaban aún realizando el curso cuando animadas e ilusionadas con sus progresos personales deciden dar un paso más y junto a otra compañera, Lisze, formalizan la inscripción en el grado medio de enfermería. Aunque desgraciadamente solo logra entrar Mª José, esta encuentra en sus compañeras y amigas el aliento necesario para afrontar esta nueva etapa formativa que logra superar con éxito.
Jeimi se define hoy como una mujer feliz que supo encontrar en sus hijos el impulso y las fuerzas para luchar y salir adelante. Actualmente trabaja en una empresa de ayuda a domicilio que presta sus servicios al Ayuntamiento. «Antes me sentía sola y ahora en cada hogar donde trabajo encuentro a personas que son como parte de mi familia. Estoy disfrutando de cada momento gracias a que conseguí quitarme el miedo a pedir ayuda», explica.

En el caso de Mª José, su experiencia como voluntaria de Proyecto Hombre, también fue de gran ayuda porque le hizo ver la importancia de saber pedir aquello que se necesita. Tras terminar el grado medio ha vuelto al centro para finalizar las prácticas que le quedaron pendientes y es muy consciente de que ahora sus posibilidades en el mundo laboral son muy distintas porque como ella bien sabe «En la vida siempre se puede buscar una solución y siempre hay también personas dispuestas a echar una mano».

Al igual que en otros muchos casos, el empoderamiento que han experimentado Mª José y Jeimi tras su paso por el centro educativo, ha posibilitado que estas dos mujeres hayan podido acceder al mercado laboral con la estabilidad que tanto deseaban, vivir con dignidad y continuar con su crecimiento y desarrollo. La directora del centro, María Auxiliadora Moreno, señala que «la propia dinámica del centro va encaminada a crecer todos juntos. Alumnado, personal docente y voluntariado formamos un equipo en el que todos los integrantes sumamos y aportamos, de manera que nos fortalecemos unos a otros y tejemos esa red comunitaria».

Además de la financiación propia de Cáritas Diocesana de Málaga, el centro formativo Sagrada Familia, cuenta con la colaboración del Fondo Social Europeo.
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