MENSAJE DE NAVIDAD
DEL OBISPO DE MÁLAGA
(Málaga, diciembre 2019)

La Luz de la Navidad y las otras luces

La Navidad es una hermosa fiesta, para vivirla con alegría y con esperanza; para dar gracias a Dios, porque ha venido a iluminar nuestras vidas, cegadas por el egoísmo y el desamor. El ser humano vive en tinieblas y oscuridades; por ello es necesaria una Luz especial que lo ilumine. La Navidad es la fiesta de la Luz.

Existen hoy muchas oscuridades en las que el hombre vive: desesperanza, desconsuelo, pobreza, rechazo, sufrimiento, desilusión, abandono, marginación, ruptura de relaciones personales, asesinatos. Seamos realistas, sin esconder la realidad.

Nuestra sociedad enciende muchas luces. No me refiero a las luces de Navidad, sino a los reclamos: para atraer la atención hacia ciertas cosas, para distraer de lo que es más importante, para animar al consumo desenfrenado, para hipnotizar y dominar de ese modo a los ciudadanos. Pero las luces de nuestra sociedad no iluminan el corazón del ser humano; no le ofrecen verdadera luz; no le proporcionan alegría, no le dan el sentido profundo que necesita.

El profeta Isaías, siete siglos antes del Nacimiento de Jesús en Belén, anuncia su llegada como una luz: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló» (Is 9,1).

La gente, que camina en tinieblas, puede ser iluminada por la luz del Señor Jesús; sobre su vida puede amanecer el Señor; su noche se transformará en día y su tiniebla en claridad.

Esta luz nueva es la luz de Belén; es la Luz del Niño-Dios, recostado en un pesebre y arropado en los brazos de su madre. En este escenario tan pobre y humilde Dios se hace hombre para darnos lo que realmente necesitamos. Jesús es la Luz eterna, que disipa nuestras tinieblas y nos regala la luz de un nuevo día.

La Luz de Belén no se puede esconder, sino que debe alumbrar; esa Luz hay que ponerla en sitio visible, para que brille y alumbre a todo el mundo.

Jesús, nacido en Belén nos invita a acercarnos a los más necesitados. Los cristianos somos transmisores de esa luz, para iluminar la sociedad y las relaciones humanas.

La Virgen María, la Madre del Señor, nos enseña cómo hemos de vivir la Navidad. Ella es modelo de fe, de acogida de la Luz, de silencio, de interioridad, de oración. Ella nos invita a acoger a su Hijo en nuestro corazón y a darlo a los demás.

Os deseo a todos, creyentes y no creyentes, y hombres de buena voluntad, una feliz Navidad. Que el Nacimiento del Señor ilumine vuestras vidas y las llene de alegría, de paz, de ilusión y de esperanza.

Deseo que las luces que iluminan nuestras ciudades en este tiempo navideño nos recuerden la verdadera Luz de Belén.

¡Feliz Navidad!

+ Jesús, Obispo de Málaga
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