Este está siendo un verano atípico para todos, también en Melilla, donde los niños no podrán disfrutar, como cada año, de las tradicionales colonias urbanas. A finales del mes de marzo, inmersos en la incertidumbre generada por el estado de alarma y la dificultad para afrontar su organización en esas circunstancias, sus responsables decidieron cancelarlas.

«Los niños que cada año disfrutan de estas actividades demandan mucho cariño y mantener la distancia, evitar los abrazos y las muestras de afecto hubiese sido muy complicado», apunta Pilar Illázquez, directora en funciones de Cáritas Interparroquial de Melilla. No obstante, el hecho de que la situación haya obligado a prescindir de una de las iniciativas más consolidadas de su calendario, no significa que se haya dejado de atender a estos menores sino todo lo contrario. Los participantes de las colonias y campamentos proceden en su mayoría de familias que Cáritas atiende durante todo el año y este acompañamiento se ha visto intensificado a consecuencia de la pandemia.

Como sostiene Illázquez «Voluntarios y trabajadores de Cáritas de Melilla han mostrado una disponibilidad y un espíritu de servicio inigualable. A pesar de las dificultades personales de cada uno, han buscado en todo momento la forma de poder seguir ofreciendo una respuesta a las familias más vulnerables». El buen hacer del equipo humano, que ha contado con el apoyo de la Consejería de política social de la Ciudad Autónoma y de la Delegación del gobierno, ha sido fundamental para hacer frente a buena parte de las necesidades y que las ayudas llegasen a tiempo. Este, por ejemplo, es el caso de las becas de comedor, que ha beneficiado a unos 25 menores pertenecientes a familias atendidas por Cáritas con una ayuda de 100€ mensuales.

Aumento de las necesidades

En el mes de marzo comenzó a crecer de manera vertiginosa el número de llamadas telefónicas de personas que, ante la saturación de los servicios públicos, recurrían a la institución sociocaritativa de la Iglesia en busca de ayudas de carácter urgente y la orientación necesaria para poder acceder a otros recursos. A las 200 familias que ya venían siendo acompañadas desde las distintas Cáritas parroquiales de la localidad, se sumaban en estos meses otras 30, todas ellas fuertemente azotadas por las consecuencias económicas del Covid-19. El retraso en los cobros de los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) o el paro se encontraban entre los principales causantes de que muchas personas quedaran sin ingresos para poder seguir cubriendo sus necesidades básicas y pagando sus facturas.

La atención, hasta que se han podido abrir las puertas y concertar citas, se ha estado realizando de manera telefónica, recurriendo a transferencias bancarias para socorrer todas las urgencias. «Hemos procurado dar mucho ánimo, esperanza y apoyo a las familias porque se encontraban muy afectadas psicológicamente, y ellos también nos han mostrado un profundo agradecimiento por este apoyo que Cáritas les ha brindado», afirma Pilar.

Acompañamiento a inmigrantes

Por otro lado, Cáritas en colaboración y coordinación con la comunidad intercongregacional de las Hermanas Apostólicas y las Hermanas del Ángel de la Guarda, la comunidad Fratelli (Hermanos de la Salle y Maristas) y el Servicio Jesuita de Migraciones, viene acompañando la situación de los 55 subsaharianos que entraron a Melilla el 6 de abril y que no fueron acogidos en el CETI, que cuenta con una ocupación que duplica su capacidad y en situación de hacinamiento. Dichas personas fueron atendidas en unas carpas que la administración ubicó en una explanada de un recinto privado denominado “V PINO”. Posteriormente fueron trasladadas a la segunda planta de la Plaza de Toros, donde actualmente hay más de 90 personas subsaharianas.

Durante todo este tiempo, dada la escasez de productos de primera necesidad y la provisionalidad e inadecuación de ambas instalaciones, se les ha estado proporcionando entre otras cosas: ropa (pantalones, camisetas, sudaderas, chaquetas, mudas, calcetines), productos de higiene personal y alimentación (pan, leche, fruta, café, té, agua, comida diaria durante el mes de ramadán).

«Ante esta realidad, la presencia continua y la cercanía con las personas migrantes que conviven con nosotros posibilita establecer vínculos de confianza y amistad. Esta amistad es toda una experiencia de gratuidad y por eso mismo de lo más valioso», afirma Fernando Moreno, delegado de Cáritas Interparroquial de Melilla.
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