Cáritas tiene una amplia trayectoria en el acompañamiento a personas mayores. En nuestra diócesis uno de los proyectos más consolidados es el centro de mayores “Sta. Mª de la Amargura” donde más de 230 personas solían acudir cada día para mitigar la soledad o, simplemente, seguir adquiriendo habilidades. Esta iniciativa podía sostenerse gracias al compromiso y la generosidad de una veintena de voluntarios que se encargaban de impartir talleres, acompañarles en los desplazamientos, comprenderles y escucharles.
Ahora que, por motivos de seguridad, es imposible abrir el centro, el equipo de monitores y los miembros de Pastoral de la Salud presentes en la parroquia, se esfuerzan por sostener un  un acompañamiento telefónico y, aunque son conscientes de que no podrán llegar a sustituir la relación cercana y afectuosa a la que estaban acostumbrados, confían en que esta medida les ayude a mantener la esperanza y la ilusión por volver a encontrarse lo antes posible.

Una década atendiendo a los mayores

La mayor parte de ellos llevaban más de cinco años repitiendo experiencia y, en septiembre, cuando se abría el plazo de matriculación, guardaban cola para no quedarse fuera, ya que sabían que había una gran lista de espera. Generalmente, se inscribían en dos y hasta tres modalidades porque allí se sentían muy a gusto y gracias a esta actividad encontraban una motivación para levantarse por las mañanas, arreglarse e ir a encontrarse con sus compañeros. En el día a día surgían, de manera espontánea, abrazos, gestos de cariño y grandes lazos de amistad.

Los responsables del proyecto son Mª Teresa Carmona, coordinadora, Mª Victoria González, directora de Cáritas Parroquial, y Salvador Gil, el párroco, para quien «este proyecto es una gracia de Dios desde el primer momento. Por un lado, por la gran intuición de quienes lo fraguaron y, por otro, por el enorme potencial humano que siempre ha tenido detrás para lograr mantenerse durante toda una década sin parar de crecer».

Grandes perjudicados

Las personas mayores han resultado gravemente perjudicadas por esta pandemia, no solo por las consecuencias que ha tenido el virus desde el punto de vista sanitario, sino también porque las medidas de seguridad que se han implantado para cuidarles y tratar de preservar su salud, les ha obligado a reducir el contacto con familiares y amigos de manera significativa en la mayoría de los casos.

Ya se encuentren en barrios o en pueblos, buena parte de las Cáritas Parroquiales realizan acompañamiento a los mayores de su entorno, pues aunque no planteen carencias económicas, necesitan compañía y escucha para paliar la soledad.
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