Noticia19/02/2026

Crónica | Cáritas de la Serranía de Ronda tras las inundaciones del Valle del Guadiaro

Cuando se cumplen dos semanas de aquella jornada que sembró una profunda preocupación entre las Cáritas de la Serranía de Ronda

Cuando se cumplen dos semanas de aquella jornada que sembró una profunda preocupación entre las Cáritas de la Serranía de Ronda por las fuertes inundaciones que azotaron, especialmente, al Valle del Guadiaro, Cáritas hace balance de unos días marcados por la incertidumbre, la lluvia incesante y la cercanía constante a las familias afectadas.

Desde el primer momento, los equipos de Cáritas siguieron muy de cerca la evolución de la situación para ofrecer apoyo inmediato ante cualquier necesidad que pudiera aliviarse. Las localidades más dañadas fueron Arriate, Benaoján, Cortes de la Frontera, Estación de Cortes, Jimera de Líbar y zonas limítrofes.

Durante los días de temporal, las Cáritas parroquiales y los sacerdotes mantuvieron una comunicación continua con sus vecinos y vecinas, atentos a las dificultades que surgían en viviendas, calles y accesos. Cuando por fin bajaron los niveles del agua, las familias desalojadas pudieron regresar a sus casas y fue posible acceder a las zonas más dañadas. En ese momento, las Cáritas de la comarca intensificaron su presencia, visitando a quienes habían sufrido de manera directa las consecuencias de esta cadena de temporales.

Inquietud y preocupación en los pueblos afectados

En Benaoján y Estación de Benaoján, el párroco, José Villasclaras, y Rafael Caro, sacerdote delegado de Cáritas arciprestal, recorrieron junto a Curra y Amparo —incansables colaboradoras— los hogares más afectados. “A muchas de estas familias ya les venimos ayudando en necesidades básicas y en el cuidado de sus viviendas”, comentaban ambas mientras avanzaban entre calles embarradas.

En Jimera de Líbar, el párroco Fernando Eningo, acompañado también por Caro y varios vecinos, señaló a la salida de la misa del Miércoles de Ceniza que los daños habían sido leves. Aun así, el pueblo vivió con inquietud el avance de las lluvias y la posibilidad de que la situación empeorara.

En Cortes de la Frontera, varias voluntarias —Paqui, Ana y María Josefa—, junto con el párroco, conocen de primera mano la fragilidad de algunas familias vulnerables especialmente golpeadas por el temporal. En la reunión celebrada en la Casa de la Cultura junto a los trabajadores sociales del ayuntamiento, comenzaron de inmediato a valorar los casos que requieren intervención urgente.

En cada localidad visitada, los miembros de las Cáritas parroquiales y los sacerdotes hablan de un contacto estrecho con sus ayuntamientos, con reuniones frecuentes para detectar y acompañar a las familias más afectadas.  Todos ellos dan fe de una colaboración fluida entre administraciones locales y Cáritas, antes y después de la lluvia, una dinámica consolidada, fruto del conocimiento mutuo y de la presencia constante en los pueblos donde se cuida de quienes más lo necesitan.

Los vecinos y equipos de Cáritas consultados coinciden en una reivindicación común porque, aunque las lluvias han cortado carreteras y aislado zonas, la sensación permanente de olvido y dejadez institucional pesa desde hace años. Aseguran quienes padecen las consecuencias, que las interrupciones en la red eléctrica, la mala calidad del agua y las dificultades para acceder a internet evidencian la necesidad de mejorar el mantenimiento de carreteras y vías de tren, así como de aportar soluciones a estos problemas.

Hemos sufrido viendo sufrir

“En estos días, hemos sufrido viendo a la gente sufrir por sus casas y sus vidas”, resume Eningo.
 
Entre tanta preocupación, vuelve a hacerse visible la fuerza de esos “santos de la puerta de al lado”, personas que sostienen, acompañan y permanecen. Gracias a su entrega, cada familia afectada sabe que no está sola y que, incluso en medio de la dificultad, siempre hay caminos para reconstruir esperanza.