Antonio Collado: “Los pobres nos evangelizan y nos ayudan a dar lo mejor de nosotros mismos”
"Quiero animarles a seguir adelante y recordarles que no están solos. El Señor los sostiene con su Espíritu y acompaña cada paso de su entrega".
Tras seis años al frente de Cáritas Diocesana de Málaga como delegado episcopal, Antonio Collado cierra esta etapa con gratitud por el camino recorrido, destaca la resiliencia de quienes viven situaciones de pobreza, la entrega generosa del voluntariado y la necesidad de seguir fortaleciendo la dimensión caritativa en todas las comunidades parroquiales. En esta entrevista de despedida comparte los aprendizajes que le ha dejado este servicio y dirige unas últimas palabras de ánimo a quienes sostienen la acción de Cáritas en la diócesis.
ENTREVISTA
¿Qué significado ha tenido para usted este servicio dentro de la Iglesia y en el contacto directo con las personas más vulnerables?
Quiero expresar, en primer lugar, mi agradecimiento al Señor, que me ha permitido servir a la Iglesia y a las personas más descartadas a través de una institución tan importante y esencial para la comunidad eclesial como es Cáritas Diocesana. Lo más significativo que me ha marcado como sacerdote durante este tiempo ha sido la resiliencia de las personas vulnerables ante las adversidades de la vida, así como la gran solidaridad, entrega y fidelidad de los voluntarios y voluntarias de las Cáritas Parroquiales.
En este tiempo, ¿Qué aprendizajes o experiencias destacaría como más transformadores, tanto a nivel personal como eclesial?
A nivel personal he aprendido a escuchar y a tener paciencia. A escuchar porque en Cáritas Diocesana se trabaja de forma sinodal desde siempre; los asuntos importantes se abordan y deciden en los distintos equipos y consejos de consulta y decisión. Y paciencia porque los problemas sociales que afectan a las personas empobrecidas —la falta de vivienda, el acceso a un trabajo digno y bien remunerado, la asistencia sanitaria adecuada o la cruel realidad de las personas sin hogar, entre muchas otras carencias— son tan graves, apremiantes e injustos que necesitarían una solución rápida y urgente.
Sin embargo, los medios de Cáritas son limitados. Nuestra presencia solo puede ser testimonial y profética, tratando de acompañar, denunciar y proponer caminos de esperanza en medio de estas situaciones.
Cáritas es una expresión concreta del amor de la comunidad. ¿Qué cree que ha cambiado o se ha fortalecido en la diócesis durante su etapa en relación con la caridad y el compromiso social?
Lo fundamental de Cáritas Diocesana son las Cáritas Parroquiales. Por ello, desde los Servicios Generales se realiza un acompañamiento esencial para que este servicio exista en todas las parroquias como expresión de la cercanía y la ternura de Dios hacia quienes más lo necesitan.
Todavía hay pequeñas realidades pastorales donde, sin duda, se practica la caridad, pero donde aún no se ha constituido formalmente una Cáritas Parroquial. Por eso es necesario seguir trabajando para consolidar el servicio caritativo en todas las comunidades.
Junto a ello, Cáritas atiende los distintos centros y programas que conforman la red de acción social de la diócesis. Entre las mejoras impulsadas en estos años, destacaría la nueva residencia construida en la finca de Colichet, en Churriana, para la atención a personas enfermas de VIH, así como la casa de acogida para madres con hijos a su cargo que se gestiona conjuntamente con las Hermanas Filipenses en la ciudad de Málaga.
Al concluir esta etapa, ¿Qué mensaje le gustaría trasladar a los equipos, al voluntariado y a las comunidades parroquiales que sostienen la acción de Cáritas?
Quiero animarlos a seguir adelante con esta tarea tan apasionante y gratificante desde la fe, que es el servicio voluntario en Cáritas. También quiero recordarles que no están solos. El Señor los sostiene con su Espíritu y acompaña cada paso de su entrega.
Los pobres nos evangelizan. Al acercarnos a ellos con actitud de servicio, nos ayudan a sacar lo mejor de nosotros mismos y a encontrarnos con Jesucristo, que se identifica con las personas empobrecidas de la tierra. De este modo damos un auténtico testimonio del Evangelio y hacemos visible el amor de Dios en medio de nuestro mundo.



