Dos años compartiendo vida en el Hogar Pozo Dulce: la experiencia misionera de Giselle y José
¿Te planteas vivir una experiencia misionera?
Tras dos años compartiendo vida con los residentes del Hogar Pozo Dulce, Giselle y José cierran una etapa que ha marcado profundamente su matrimonio y su fe. Ahora, junto a Cáritas Málaga, quieren animar a otras personas a dar el paso y vivir una experiencia misionera similar.
Cuando las Hijas de la Caridad tuvieron que dejar el Hogar Pozo Dulce para asumir nuevos destinos, surgió la necesidad de encontrar personas que continuaran esa presencia cercana y cotidiana que caracteriza a este recurso de Cáritas. A través de la Delegación de Migraciones y de los jesuitas, apareció una respuesta inesperada: Giselle y José, un matrimonio cubano que llegaba a Málaga para continuar su formación.
«Cuando llegó a nuestras manos este proyecto vimos que era lo que estábamos buscando. No había nada que pensar, dijimos que sí», recuerdan. Así, lo que comenzó como una experiencia de servicio terminó convirtiéndose en una forma de vida. Durante estos dos años han convivido con los residentes del hogar, compartiendo alegrías, dificultades, conversaciones y pequeños momentos cotidianos que, con el tiempo, han dado forma a una auténtica familia. «El Hogar ha sido realmente un hogar. Trabajar con ellos, vivir con ellos, escucharlos y acompañarlos es una experiencia de Dios», explican.
Para Belén García, directora del Hogar Pozo Dulce, la llegada del matrimonio fue providencial: «Llegaron como dos ángeles. El Señor los llamó a ellos y eran quienes tenían que venir».
Un hogar que transforma
Desde su creación en 2001, Pozo Dulce ha acogido a 350 personas que han encontrado en él un espacio de estabilidad y acompañamiento. «Son 350 vidas abrazadas», destaca Belén, recordando las palabras del papa León XIV cuando afirma que la Iglesia está llamada a «abrazar historias y abrazar vidas».
Precisamente de ese abrazo cotidiano han formado parte Giselle y José durante estos dos años. Una experiencia que, aseguran, les ha transformado profundamente.
«Hemos sido parte de algo más grande y no podemos más que agradecer todo ese amor», afirma Giselle.
José, por su parte, destaca cómo la cercanía y la atención a los pequeños detalles pueden cambiar la vida de una persona: «Cuando alguien que ha sido excluido se siente amado y atendido, esa alegría también la vives tú».
Una invitación a dar el paso
Ahora, al finalizar esta etapa para continuar con sus proyectos de vida familiar, Giselle y José dejan también una invitación abierta a quienes puedan sentirse llamados a vivir una experiencia similar durante un tiempo.
Su marcha abre la posibilidad de que otras personas recojan el testigo y sigan haciendo del Hogar Pozo Dulce un espacio de convivencia, acompañamiento y fraternidad.
Por ello, la directora del centro hace un llamamiento a quienes puedan sentirse interpelados por esta forma de servicio, basada en la cercanía y en el compartir la vida con las personas residentes.
¿Te planteas vivir una experiencia misionera?
El Hogar Pozo Dulce busca personas dispuestas a compartir vida y acompañar a sus residentes desde la cercanía y la fraternidad.
Esta experiencia puede convertirse en una oportunidad para crecer personal y espiritualmente mientras se contribuye a que el Hogar Pozo Dulce siga siendo, para muchas personas, mucho más que un lugar donde vivir: un verdadero hogar.
📧 pozodulce@caritasmalaga.es
Una experiencia presente en El Espejo de Cope
Giselle, José y Belén participaron a finales de junio en el último Espejo de Cope Málaga, un programa de la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga.



