Cáritas acompaña con preocupación la situación de emergencia vivida en la Serranía de Ronda
La jornada de ayer colocó a las Cáritas de la Serranía de Ronda un profundo estado de preocupación y alerta ante las fuertes inundaciones que afectaron, sobre todo, al Valle del Guadiaro. La lluvia, lejos de remitir, continúa aún hoy en la zona. “El problema es que, aunque ya no cae lluvia torrencial, se suma a un gran exceso de agua acumulada”, explica Rafael J. Caro, sacerdote delegado en el arciprestazgo Ronda‑Serranía y párroco de Arriate.
Desde primeras horas, los equipos de Cáritas siguieron muy de cerca la evolución de la situación para poder mostrar su cercanía y apoyo ante cualquier necesidad que pudieran socorrer. Las familias más afectadas se encontraban en localidades como Cortes de la Frontera, Estación de Cortes, Jimera de Líbar o Arriate. En muchas viviendas, señalaba Caro, se apreciaban ya las consecuencias: “Estamos igual que ayer, incluso un poquito peor, porque no para de acumularse agua”.
A lo largo del día, en Arriate se produjo el derrumbe de un pequeño puente que dejó aisladas temporalmente a varias familias, aunque sin daños personales. “En otras zonas, el barro y los desprendimientos generaron numerosos contratiempos y complicaron los accesos” detalla el párroco. También se registraron incidencias en sótanos y viviendas donde el agua continuaba entrando lentamente.
Equipos pendientes de la valoración
Paqui Gil, coordinadora de la Comisión Arciprestal y directora de Cáritas El Burgo, confirma también que “los pueblos más afectados han sido los del Valle del Guadiaro, sobre todo Cortes de la Frontera y Estación de Cortes”. Explica que, aunque en varios puntos hubo desalojos preventivos, como en Ronda, “no se han producido daños personales”, algo que ofreció alivio tras las primeras horas de incertidumbre. Durante toda la jornada, los equipos de Cáritas, párrocos y responsables mantuvieron la comunicación para identificar posibles necesidades.
“Seguimos muy pendientes de cómo va evolucionando la situación para ofrecer apoyo en cuanto sea necesario”, señala Gil, destacando la coordinación y la disponibilidad de los grupos parroquiales. La prioridad sigue siendo acompañar a las familias cuando el tiempo permita valorar daños y necesidades reales.
Preparación, colaboración y apoyo mutuo
Fernando Eningo, párroco de Atajate, Cortes, Estación de Cortes y Jimera de Líbar, describe una situación compleja, pero contenida: “La situación está bastante controlada. Las zonas más afectadas han sido la Estación de Jimera de Líbar y la Estación de Cortes de la Frontera”. Subraya que la preparación previa fue clave: “Se han podido desalojar a los que se preveía que iban a tener tanta dificultad… y gracias a Dios, dentro de lo que cabe, la situación ha estado controlada”.
La parroquia de la Estación de Cortes incluso puso a disposición sus instalaciones para alojar a personas o guardar enseres. Aun así, Eningo reconoce las dificultades diarias: “Lo que más nos preocupa son los desprendimientos”, además de otras tareas pastorales que han debido posponerse por seguridad.
Acompañar cuando el agua permita entrar a las casas
Con la lluvia persistiendo y la tierra saturada, Cáritas mantiene la vigilancia y la disponibilidad. Las necesidades de las familias podrán valorarse con claridad cuando la situación se estabilice y pueda accederse sin riesgo a los hogares más afectados.
“Estamos esperando que remita un poquito todo para hacernos presentes, tener contacto con las familias y ver en qué podemos ayudar”, resume Rafael J. Caro.
Mientras tanto, los equipos locales de Cáritas continúan atentos, en comunicación constante y con plena disposición para acompañar y apoyar a quienes puedan necesitarlo en los próximos días.



