Desde la fe y la escucha: el camino recorrido junto a las personas sin hogar
Al concluir octubre, mes dedicado a las personas sin hogar, Cáritas Diocesana quiere hacer una lectura creyente del trabajo compartido durante los últimos meses. Un camino construido desde la escucha y la participación de las propias personas sin hogar, que han contribuido a identificar las vulneraciones de derechos que sufren y a formular las reivindicaciones de la campaña «Un hogar es un lugar al que pertenecer».
Este trabajo participativo, impulsado por Cáritas junto a las demás entidades de la Agrupación de Desarrollo de Personas Sin Hogar de Málaga, ha contado con varias sesiones de reflexión y diálogo celebradas en los Servicios Generales de Cáritas y guiadas por Sonia Olea y Virginia Pastrana, miembros del equipo de incidencia política y asesoría jurídica de Cáritas Española. En ellas se han abordado cuestiones como el acceso a la vivienda, la salud, la seguridad, los trámites administrativos, los vínculos sociales y las oportunidades de participación.
Para José Miguel Santos, director de Cáritas Diocesana, este proceso refleja una convicción fundamental: «Solo cuando escuchamos de verdad a las personas que viven situaciones de exclusión podemos comprender qué cambios son necesarios. Reconocerlas como protagonistas y contar con su participación no es una opción añadida, sino una condición indispensable para construir respuestas más justas y respetuosas con su dignidad». Esta convicción tiene también una profunda raíz evangélica. «Estamos llamados, como Jesús, a acercarnos a las personas, fijar nuestra mirada en ellas, reconocer su dignidad y animarlas a extender su mano desde la confianza y la esperanza», asegura Santos.
Justicia y oportunidades
El lema elegido este año pone el acento en una realidad que va más allá de disponer de una vivienda. Como explica Anselmo Ruiz, técnico de Cáritas en el servicio de Puerta Única, la campaña quiere destacar «aquello que nos une y nos humaniza: la comunidad, los vínculos y el sentido de pertenencia». Porque, añade, «nadie debería vivir en la intemperie social y emocional; necesitamos comunidades que generen confianza, acogida y oportunidades para todos».
Esta reflexión estuvo muy presente en el acto celebrado a finales de octubre en la Plaza de la Constitución, en la capital, donde las personas participantes compartieron un manifiesto construido desde sus propias experiencias. Allí reivindicaron el reconocimiento efectivo de sus derechos y reclamaron justicia, oportunidades y la posibilidad de formar parte de la comunidad en igualdad de condiciones. «No estamos pidiendo una limosna», afirmaron.
Para Lourdes Navarro, técnica del Hogar Pozo Dulce y coordinadora de la unidad de calle de Cáritas, este proceso ha confirmado el valor de la participación: «Las personas que acompañamos cada día conocen mejor que nadie las barreras que encuentran para ejercer sus derechos. Cuando son ellas quienes toman la palabra, la reivindicación adquiere más fuerza y autenticidad».
Historias más allá de los datos
La lectura creyente de este camino también nos lleva a mirar más allá de los datos, aunque sin ignorarlos. El segundo informe de la Cátedra de Inclusión Social de la Universidad de Málaga, publicado recientemente, identificó a 647 personas en situación de sinhogarismo en la ciudad: 302 vivían en la calle y 345 se alojaban en recursos residenciales. El estudio alertaba además del aumento y la cronificación de estas situaciones, evidenciando que las respuestas actuales siguen siendo insuficientes.
La distancia entre el número de personas afectadas y las plazas de acogida disponibles muestra que el acceso a una vivienda digna y a los apoyos necesarios continúa siendo un derecho vulnerado para demasiadas personas. El proceso de recuento y análisis reunió a cerca de 300 participantes de distintos ámbitos de la sociedad malagueña, entre ellos alrededor de un centenar de voluntarios y miembros de comunidades cristianas. Su implicación contribuyó a una mejor comprensión de esta realidad y reforzó una dimensión fundamental: acercarse a las personas desde la escucha, reconociendo cada historia más allá de las cifras.
Esta presencia es también reflejo de una tarea que se desarrolla a diario en parroquias, proyectos y recursos de Cáritas. Muchas comunidades cristianas acompañan de forma continuada a personas que atraviesan situaciones de exclusión residencial y perciben cómo esta realidad se vuelve cada vez más compleja y persistente. Su aportación al estudio ha contribuido a visibilizar una preocupación compartida y a fortalecer la búsqueda conjunta de respuestas que sitúen en el centro la dignidad y los derechos de las personas.
Sin embargo, desde Cáritas y para quienes creemos en el Evangelio, las cifras nunca son el final del relato. Jesús no se detuvo ante los números, sino ante las personas. Por eso, cuando escuchamos que más de seiscientas personas viven hoy situaciones de sinhogarismo en Málaga, no vemos únicamente una estadística. Vemos rostros concretos, historias de sufrimiento, resistencia y esperanza.
Precisamente para acercarnos a algunas de esas historias, compartimos también el testimonio recogido por el equipo de Calor y Café. A través de tres experiencias reales acompañadas desde este recurso de acogida nocturna, se hace visible cómo la dificultad de acceder a una vivienda no responde a estereotipos ni a situaciones aisladas, sino a una realidad compleja que afecta a personas con trayectorias y circunstancias muy diversas. Historias que nos ayudan a comprender que detrás de cada cifra hay una persona que busca algo tan sencillo y esencial como un lugar al que pertenecer.
En defensa de la dignidad humana
La Doctrina Social de la Iglesia sitúa la dignidad humana en el centro y recuerda que ninguna persona puede ser excluida de las condiciones necesarias para desarrollar plenamente su vida. Como señala José Miguel, «la encíclica Magnifica Humanitas recuerda que el verdadero desarrollo humano es siempre integral: promueve a toda la persona y a todas las personas. Por eso, cuando una persona no puede acceder a una vivienda, a la salud o a una participación plena en la vida comunitaria, no estamos hablando únicamente de necesidades insatisfechas, sino de límites que impiden su desarrollo integral».
Al finalizar este mes, desde Cáritas, damos gracias por todo lo aprendido en este proceso de escucha. Las personas sin hogar nos han recordado que nadie puede construir soluciones sin contar con quienes viven la realidad en primera persona. Nos han mostrado que detrás de cada situación de exclusión hay capacidades, propuestas y deseos de participar activamente en la construcción de una sociedad mejor. Una sociedad en la que todas las personas puedan encontrar no solo un techo, sino también un lugar al que pertenecer.



